domingo, 29 de septiembre de 2013

YO DEJE MI EMPLEO PARA SER MAMA DE TIEMPO COMPLETO

Ser mamá de tiempo completo es lo que me ha llevado a ser quien soy. Soy mujer, esposa, madre y empresaria. Todo comenzó cuando abandone mi carrear.
Mi formación personal fue altamente académica, tengo una licenciatura y tuve experiencia docente a lo largo de 15 años de mi vida. En ese tiempo enfoque mis esfuerzos y mi corazón en formar en los muchachos con quienes trabaje un poco de carácter y determinación para tomar el control de sus vidas. Creo que una necesidad de las generaciones presentes es hacerse cargo de su vida, aceptar la responsabilidad de las decisiones propias y deslindar a los padres, educadores y demás adultos que fueron parte de su formación cercana. Los jóvenes responsabilizaban a sus padres por lo que ellos vivían o lo que estudiaban, mi intención fue enfrentarlos al hecho de que cada persona toma sus propias decisiones, y por ello es responsable de las consecuencias que tales decisiones conllevan. Mi intención era influir de manera positiva en el proceso de madurez de mis alumnos. Creo que lo hice, al menos en algunos de ellos. 
Entonces llegó mi primer hijo..... Como cambió mi visión de la vida a partir de entonces. Entoces entendí que nunca causaría tanto impacto en la vida de alguien como en la de mi hijo, y los dos que llegarían más adelante.  Tras rebatirme entre la oportunidad de impactar en la vida de cientos de muchachos o solo en la de un pequeño, tome la decisión de que el impacto de formar con todo mi enfoque a una sola personita, que luego serían tres, sería mucho más fuerte....y no me arrepiento!
A pesar de que el primer embarazo nos tomó por sorpresa, entendimos claramente la gran responsabilidad que teníamos en los brazos, y no desde el principio, pero si pronto nos sentamos a establecer lo que queríamos formar en cada uno de nuestros hijos. Elegimos entre todos los principios que entendíamos entonces como universales, aquellos que consideramos fundamentales para la madurez de una persona. Creemos que la paternidad es el acompañamiento en el proceso de madurez de una persona, y que los padres tiene la responsabilidad de acercar las herramientas y experiencias apropiadas para que ese proceso se dé lo mejor posible. Nos fijamos un blanco para lanzar a nuestros hijos hacia una meta. Hoy 14 años después, creo que no erramos el tiro. 
Ha sido un esfuerzo conjunto, mi esposo aporta tiempo, cariño y precisión en la formación del carácter de mis hijos: él es el que da las enseñanzas, los discursos, sin olvidar acompañarlos de actitudes congruentes. Creemos que siempre que enseñamos algo a nuestros hijos, debemos de vivir en consecuencia, porque lo que ponemos como modelo de vida es lo que ellos tienden a apropiarse. En otras palabras, el ejemplo arrastra, o vale más una acción que mil palabras.
Sin embargo, tomamos la decisión de que yo me quedaría en casa para formar  a los niños y acompañarlos de cerca en ese proceso de crecimiento. El saber que había alguien responsable de traer el dinero a la casa me dio la tranquilidad de enfocarme en aquello que era y sigue siendo lo más importante para mí.
Las críticas no se hicieron esperar, pues abandonaba una carrera que despegaba prometedoramente. El año en que abandone la docencia fungía ya como coordinadora de preparatoria. Las opiniones de familia y amigos se oponían a lo que mi corazón me dictó como correcto, y lo siguen haciendo.
Yo sabía que nuestra decisión tenía que ser nuestra y nada más,  por lo que nos permitimos cerrar los oídos a los comentarios y defender nuestro punto de vista. Sabía que un día los frutos en la vida de mis hijos me darían la razón. Ese día hace tiempo que llegó: hoy me complazco en ver a mis hijos desarrollarse con una mirada fija en la meta, seguros de saber hacia donde caminan y determinados a lograr lo que ellos mismo se han propuesto. Les hemos enseñado a tomar las riendas de su vida, a establecer su propósito con base en sus propios intereses y habilidades únicas y maravillosas. Y con tan solo 12 y 14 años de edad ya saben lo que quieren lograr en sus vidas, y se están enfocando en conseguirlo. Nosotros ayudamos a que el enfoque no se pierda, y seguimos dando nuevas herramientas  y limando las asperezas que podamos ver en su carácter. Casi siempre debemos empezar por limar las asperezas en el propio.
Claro está, no puedo decir lo mismo de mi pequeño de 5 años, con el estamos empezando el camino, con la tranquilidad de que ya sabemos por donde llevarlo para obtener el resultado que vemos en sus hermanos mayores: madurez.
Firmemente creo que haber acompañado de cerca el crecimiento de mis hijos ha tenido un impacto determinante en las personas que son el día de hoy. Esto no hubiera sido posible de no haber tomado la decisión de dejar mi empleo y abandonar una carrera docente para iniciar una nueva: la de ser mamá de tiempo completo.