Ser mamá de tiempo completo es lo que me ha llevado a ser quien
soy. Soy mujer, esposa, madre y empresaria. Todo comenzó cuando abandone mi
carrear.
Mi formación personal fue altamente académica, tengo una
licenciatura y tuve experiencia docente a lo largo de 15 años de mi vida. En
ese tiempo enfoque mis esfuerzos y mi corazón en formar en los muchachos con
quienes trabaje un poco de carácter y determinación para tomar el control de
sus vidas. Creo que una necesidad de las generaciones presentes es hacerse
cargo de su vida, aceptar la responsabilidad de las decisiones propias y
deslindar a los padres, educadores y demás adultos que fueron parte de su
formación cercana. Los jóvenes responsabilizaban a sus padres por lo que ellos
vivían o lo que estudiaban, mi intención fue enfrentarlos al hecho de que cada
persona toma sus propias decisiones, y por ello es responsable de las
consecuencias que tales decisiones conllevan. Mi intención era influir de
manera positiva en el proceso de madurez de mis alumnos. Creo que lo hice, al
menos en algunos de ellos.
Entonces llegó mi primer hijo..... Como cambió mi visión de la
vida a partir de entonces. Entoces entendí que nunca causaría tanto impacto en
la vida de alguien como en la de mi hijo, y los dos que llegarían más adelante.
Tras rebatirme entre la oportunidad de impactar en la vida de cientos de
muchachos o solo en la de un pequeño, tome la decisión de que el impacto de
formar con todo mi enfoque a una sola personita, que luego serían tres, sería
mucho más fuerte....y no me arrepiento!
A pesar de que el primer embarazo nos tomó por sorpresa,
entendimos claramente la gran responsabilidad que teníamos en los brazos, y no
desde el principio, pero si pronto nos sentamos a establecer lo que queríamos
formar en cada uno de nuestros hijos. Elegimos entre todos los principios que
entendíamos entonces como universales, aquellos que consideramos fundamentales
para la madurez de una persona. Creemos que la paternidad es el acompañamiento
en el proceso de madurez de una persona, y que los padres tiene la
responsabilidad de acercar las herramientas y experiencias apropiadas para que
ese proceso se dé lo mejor posible. Nos fijamos un blanco para lanzar a
nuestros hijos hacia una meta. Hoy 14 años después, creo que no erramos el
tiro.
Ha sido un esfuerzo conjunto, mi esposo aporta tiempo, cariño y
precisión en la formación del carácter de mis hijos: él es el que da las
enseñanzas, los discursos, sin olvidar acompañarlos de actitudes congruentes.
Creemos que siempre que enseñamos algo a nuestros hijos, debemos de vivir en consecuencia,
porque lo que ponemos como modelo de vida es lo que ellos tienden a apropiarse.
En otras palabras, el ejemplo arrastra, o vale más una acción que mil palabras.
Sin embargo, tomamos la decisión de que yo me quedaría en casa
para formar a los niños y acompañarlos
de cerca en ese proceso de crecimiento. El saber que había alguien responsable
de traer el dinero a la casa me dio la tranquilidad de enfocarme en aquello que
era y sigue siendo lo más importante para mí.
Las críticas no se hicieron esperar, pues abandonaba una carrera
que despegaba prometedoramente. El año en que abandone la docencia fungía ya
como coordinadora de preparatoria. Las opiniones de familia y amigos se oponían
a lo que mi corazón me dictó como correcto, y lo siguen haciendo.
Yo sabía que nuestra decisión tenía que ser nuestra y nada más, por lo que nos permitimos cerrar los oídos a
los comentarios y defender nuestro punto de vista. Sabía que un día los frutos
en la vida de mis hijos me darían la razón. Ese día hace tiempo que llegó: hoy
me complazco en ver a mis hijos desarrollarse con una mirada fija en la meta,
seguros de saber hacia donde caminan y determinados a lograr lo que ellos mismo
se han propuesto. Les hemos enseñado a tomar las riendas de su vida, a
establecer su propósito con base en sus propios intereses y habilidades únicas
y maravillosas. Y con tan solo 12 y 14 años de edad ya saben lo que quieren
lograr en sus vidas, y se están enfocando en conseguirlo. Nosotros ayudamos a
que el enfoque no se pierda, y seguimos dando nuevas herramientas y limando las asperezas que podamos ver en su
carácter. Casi siempre debemos empezar por limar las asperezas en el propio.
Claro está, no puedo decir lo mismo de mi pequeño de 5 años, con
el estamos empezando el camino, con la tranquilidad de que ya sabemos por donde
llevarlo para obtener el resultado que vemos en sus hermanos mayores: madurez.
Firmemente creo que haber acompañado de cerca el crecimiento de
mis hijos ha tenido un impacto determinante en las personas que son el día de
hoy. Esto no hubiera sido posible de no haber tomado la decisión de dejar mi empleo
y abandonar una carrera docente para iniciar una nueva: la de ser mamá de
tiempo completo.